viernes, 21 de julio de 2017

COBARDE

La inquietud siempre presente, el tener que hacer algo sin saber que, ni cuando, ni porqué. Presión constante en el pecho, la mirada por encima del hombro, a ver si lo haces bien o mal. No ser capaz de sentarte a estar, de esperar a que la vida pase. Presión por todo, más presión. Miles de ideas dando vueltas en la cabeza pero la incapacidad de poder ordenarlas, ni aun haciendo la tarea se va, se queda el recuerdo que sigue atormentando, que sigue contribuyendo al lío, a que nada quede claro. Intentar concentrarse en algo pero no poder, porque vienen una y otra vez a la cabeza, como flechas, ideas, preocupaciones, cosas pendientes, cosas hechas, hechas mal, hechas bien, hechas y sin saber si las has hecho bien o mal. Falta de ilusión por todo, una apatía, una linealidad en la vida horrible. No pasa la felicidad por mi mente, cada suceso es uno más, sin más. Y soportarlo sola, porque hay que estar bien, tienes todo para estarlo, no hay rendija por donde caer, o eso parece. Y así me comporto, pero aun así, no es suficiente. Ni disimular lo hago bien. Llorando a la mínima, reprimiendo lágrimas una y otra vez, siendo fuerte por todos, y no siendo capaz de sacar fuerzas para mi, para conseguir estar bien de verdad. Sentir que todo esto se me está yendo de las manos, y sentir rabia infinita por esa debilidad de mierda. Pensar que la química es la solución, echar la culpa a eso, a sustancias, a algo ajeno a mí misma. Buscar soluciones fuera en vez de dentro, intentar que algo suceda ahí fuera, que limpie lo de aquí dentro. Y mientras, en silencio, en mi puto silencio, ver como todo se va desmoronando. Manteniendo la fortaleza mientras debo hacerlo, y decaer en los momentos menos oportunos, destruyendo poco a poco pilares, royéndolos como un mísero ratón cobarde. No, no tengo la fuerza para pedir ayuda, ni la valentía, ni para eso valgo. 

martes, 20 de diciembre de 2016

Mi bolsillo

Cansada de agachar la cabeza, a mis años, levanto el puño al primero que me toque la moral. Cansada físicamente, sigo sin parar, para poder llegar a la cama rendida, para no llegar pensando, sino llegar y colapsar. Aun así la cabeza arde a veces, las manos se bloquean, la espalda se vuelve de acero y todo tiene un tono anaranjado que se va encendiendo, poco a poco, hasta parecer que va a estallar.

Vas con la espada, dando espadazos a casi todo, pero siempre hay algo te re roza, que te roza demasiado, y ahí surgen las heridas. Día tras día van doliendo, y así recuerdas que para la próxima vez tienes que estar más lista, más callada, respirar más hondo, pensarlo más, o igual menos. Y contar hasta 10, mejor hasta 100, o incluso más a veces. Y repetirte muchas veces ese “qué más da”, ese “cederé por no liarla”, ese “quiero una vida tranquila”, ese “si saco tiempo me voy a respirar aire a la calle”.

Los problemas los guardo en los bolsillos, me pesan, claro, pero… ¿dónde los voy a dejar? La fortaleza es útil, pero la locura no la deja instalarse en casa, siempre anda descolocándolo todo, sacándola de quicio. Entonces la fortaleza termina mandándolo todo a la mierda y yéndose. No tiene paciencia, no tiene ganas de andar luchando cuando no hay más que trabas absurdas. Ella es muy echada para delante y no tiene esa necesidad. A la mínima se va. Y aun así, todo me resbala, más de lo que sería deseable.

Tengo el control de mi vida, sé lo que voy a cenar hoy, sé lo que me pondré de ropa mañana, sé donde no puedo ir, con quien no puedo ir, sé dónde está mi cama, cuando toca follar. Sé la distancia que me separa del aburrimiento, sé lo lejos que queda. Controlo mis obligaciones, una tras otra, una tras otra.
Sé darle la vuelta a la tortilla, y aceptar la torta que me toque recibir. Me la como, no la voy a tirar, ummmm que rica esa torta. Ya no se permiten pataletas. Hoy toca de comer garbanzos, o te los comes, o los tiras y te quedas con hambre, o los aplastas, despacito, uno a uno, y creas ese amasijo, que igual bien aliñado está espectacular.

Tengo tal control que la palabra sorpresa no está dentro de mis vida, nunca, nunca jamás. Vivo dentro de la rutina, ya no espero que nadie me sorprenda. Ya no recuerdo como eran esos vuelcos que daba el corazón. Ya no me acuerdo de los nervios por saber donde iba, por saber que habría dentro de ese envoltorio. Ya no pasa nada de eso. Y mentiría si dijera que no lo echo de menos. Pero es lo que hay. La vida tranquila, la vida esperada, la vida que se espera que vivas, la vida que te ha tocado, que te has buscado y de la cual no puedes salir.


Y solo queda agachar la cabeza, crear una capa de protección, que cada vez tiene que ser más resistente y más duradera. Queda seguir llenado bolsillos de esperanzas, de deseos (que nunca se cumplirán).  Y sepultar al fondo, muy al fondo del bolsillo la incertidumbre que ocasiona la duda de lo inesperado. Cualquier día, ese caprichoso agujero que termina teniendo todo bolsillo de tanto usarlo, dejará escapar poco a poco todo ello, la incertidumbre, las ganas de volver a sentir mariposas en el estómago, los deseos, las esperanzas… y terminaré vacía, vacía pero sin cargas.






martes, 20 de enero de 2015

MIEDO




Tengo miedo, de lo que sé que va a venir, de lo que no sé si va a suceder, de lo que puede suceder y de no tener valor para verlo. Tengo miedo de vivir engañada, de sentirme sola, siempre sola, cargada y sola.

Tengo miedo de mi misma, de mi mente, que camina libre y hacia donde quiere. Tengo miedo de mirarme y no gustarme, de llorar y maldecir las lágrimas derramadas sin sentido. De mi egoísmo, de vivir la vida muriendo, de morir en vida y tener que seguir.

Tengo miedo de no llegar, de quedarme en el camino. De seguir el camino sola, rodeada de gente y sola. Tengo rabia por tener miedo y no saber compartirlo, de dudar, de maldecir.

Tengo miedo del día a día, de bajar cada día un escalón, sin ser capaz de subirlo. Miedo a encontrarme en el camino otro muro, y quedarme ahí, mirándolo, y mirándolo, y sin ser capaz de cambiar de rumbo.

Tengo mucho miedo a no necesitarte, a no añorarte, a mirarlos y sentir que no necesito nada más. Tengo miedo a no sentirme querida, a sentirme simplemente útil.

Tengo miedo a sentarme en el sofá con ganas de irme a dormir. A irme a dormir sin ganas, a acostarme sola noche tras noche. Miedo a acostumbrarme a todo ello, a no querer nada distinto.

Tengo miedo a que me mires desnuda y no quieras acariciarme hasta el final. A que no quiera que me veas desnuda, a no encontrar el deseo en ti, a que al mirarte te imagine en otro sitio.

Tengo miedo a no levantar el alma, a que se quede abajo y la lleve arrastrando. A que nadie vea mi alma por los suelos, y solo vean desgana. Que nadie sea capaz de ayudarme a subirla, y hacer que mis ojos vuelvan a brillar, y que la sonrisa vuelva a iluminar mi cara.

Tengo tanto miedo a todo lo que pueda venir, tanto miedo a todo lo que pueda llegar a querer o no querer.


jueves, 12 de junio de 2014

Anoche



Ayer me acosté, deslicé la sábana sobre mi cuerpo y anhelé tus manos sobre él. Cada día te miro y pienso si a ti te gustaría hacerlo, si querrías acariciarme mientras duermo. Y es que hay veces que mi piel arde, y no entiendo como no oyes los gritos que da. No entiendo como cuando me miras no escuchas como te llama, como llama a tus manos, para que me recorran, y sentir tu piel cerca, suave, fuerte, tranquilizando mis caderas, y alterando mis pechos.

No puedo decir que te eche de menos, ¿Cuándo te tuve para poder decirlo? Pero me lo imagino, y te miro, y te recuerdo y te lo digo cuando me giro y me voy, y cuando me callo y te escucho, y me miras, y no sé si me escuchas.

Tantas manos podrían pasearse por mis curvas, tantos dedos podrían jugar… tanta complicidad, tanta satisfacción podría pasar. Y tan pocas lo hacen. Tanto cariño desperdiciado, quedando soledad y frío en mi piel. Un roce fortuito, un suspiro… y ¿donde está mi caricia? Un ronroneo, los pelos de punta, la ropa que sobra… mi piel, mi cuerpo esperando, y tú, tú mirando y hablando. Tus manos hablando, y las mías diciendo “callaos, callaos ya y sentid en silencio”.

viernes, 4 de abril de 2014

NUDO


Me gustan las pulseras de cuerdas, las haces, las atas y ahí se quedan. Estoy cansada de las pulseras de "quita y pon". Cansada de levantarme y tener que pensar que me pongo en la muñeca. Prefiero esas pulseras que no te puedes quitar nunca, con las que puedes ducharte, sin miedo a que se estropeen, con las que te vas de vacaciones a la playa y siguen en tu muñeca. Esas que hagas lo que hagas siguen puestas, por que has hecho un nudo con ellas y no se puede soltar sin romperla.
A veces la rompes, y te la quitas, por que no te conviene llevarla, por que vas de boda y no queda bien… eso pasa al principio, luego no. Llega un momento en tu vida que te da igual ir a una boda con ella puesta, por que es tu pulsera y te gusta, y te da igual lo que cualquiera pueda pensar.
Otras veces se desgasta y se rompe sola, poco a poco, y la vas viendo y sabes que pronto se romperá.
Pero lo peor es coger las tijeras y cortarla, por que una vez cortada, ya no vale, por mucho que lo intentes, falta cuerda para atarla.


Y es que nadie me ha enseñado a dejar de querer. ¿Cómo se hace?










"... no sé cual es tu lado de la cama..."

"... imagina que te beso y no te giras..."

"...si supieras lo que te miro a escondidas..."

"... si me dieras un minuto en tu barriga..."

"...medianoche, vida mía, YA ME VOY."


miércoles, 26 de marzo de 2014

MALAS COSTUMBRES

He leído este texto:
Otro texto más, de los típicos, de los de “aprovecha el momento”, de los de “dile a los que quieres que les quieres” y demás. De esos que todos leemos, compartimos, y nos sentimos genial, se lo mandamos a los amigos y nos sentimos genial, y decimos que qué razón lleva en todo lo que dice, que vamos a cambiar nuestra vida, pero al final, como siempre, nada cambia.

En este texto se dice:

Tenemos la mala costumbre de querer tarde.

Tarde, o a destiempo, o no darnos cuenta de que lo que hay que querer está delante, no escondido. No vemos a través de los ojos, y hay veces que es mejor decir las cosas que intentar adivinarlas.

Mantenemos en nuestra vida “amigos” porque sí y llenamos nuestras agendas de compromisos a los que realmente no queremos ir.

“losmejoresamigosdelmundo”, ya no lo son, son conocidos, que realmente ni siquiera se conocen. Son extraños que no quieren aceptar que lo son, son el grupo que no lo es. Pero es que no es fácil salir de ahí. Los amigos se tienen de uno en uno, no se puede generar amistad en conjunto. Y a muchos no les gusta el tú a tú, no se sienten cómodos. Yo ya he aprendido a discretizar, y no me gustan las relaciones superficiales, estoy cansada de ellas. Mis amigos son pocos, y solo yo sé quienes son, los grupos de amigos para los botellones. Ya no quiero eso. Quiero poder sentarme junto a uno de ellos, y hablar sin tapujos, y eso, poquitas veces.

Tenemos la mala costumbre de sentirnos mal por decir no y de creernos mejores por decir si.

Para mi no es cuestión de creerme mejor al decir que sí. Desde luego el NO sí que me provoca malestar, me provoca miedo. Miedo a perder algo, y eso es algo que me aterra. Y se juntan los angelitos a discutir, y me ponen la cabeza como un bombo. Por que no me gusta tomar decisiones, y menos aun si estas tienen que ser de sí o no. ¿No dicen eso de que es mejor actuar exponiéndose a arrepentirse, que arrepentirse de no haber hecho nada? Eso dicen, y eso pensaba, pero ya no estoy tan segura de que así sea.

Decimos muy pocos ”te quieros” y hacerlo por primera vez es como “buf que va, no vaya a ser que se asuste”. ¿Asustarse de qué? ¿Cómo una persona puede asustarse porque alguien le quiera?.

No diría pocos, diría que casi no los decimos. Y es justo por eso, por que asusta (se asusta él y te asustas tú), por que no nos quedamos con el “te quiero”, siempre vamos más allá. ¿Cómo voy a volver a mirar a la cara a alguien después de decirle eso? ¿Después de mostrarme tanto? No nos gusta desnudarnos, no nos gusta intimar, preferimos mantenernos en la distancia, y cuando la conversación vaya por temas delicados, la cambio, por que sino igual me llega a conocer demasiado. Y un “te quiero” significa justo eso, nada más. ¿Por qué no es así de sencillo? ¿A cuantas personas quieres? ¿Y a cuantas se lo has dicho? ¿Y es que solo hay una forma de querer? Y no voy aquí de sobrada, yo lo digo muy poco, y no por no asustar a los demás, sino por no asustarme yo al oírlo.

Asústate si algún día te vas a la cama sin sentir que quieres a otra persona.

Yo muchas veces me voy a la cama odiando todo, buscando en el sueño el olvido. Y lo dejas todo para mañana: “mañana será otro día”.

Asústate cuando seas incapaz de abrazar a alguien y sentir esa sensación tan extraordinaria que producen los abrazos.

Esto es como lo “te quiero”, se dan pocos, tenemos una barrera física casi infranqueable. Siempre que puedo abrazo, “gano días de vida” como dice algún canijo. Nada reconforta más que un abrazo. Pero es muy difícil llegar a darlo bien, hay que aprender a abrazar, y sobre todo, querer hacerlo.

Que su suerte es nuestra desdicha y de compararnos como si fuésemos presa de alguien que busca en comparadores de Internet. Tenemos la mala costumbre de medirnos por nuestros estudios o por nuestra altura. De confundir la belleza con la delgadez y de creernos que no somos capaces de conseguirlo, porque alguien una vez así, nos lo hizo creer. Y no fue nadie más que tú mismo.

Pero decirle a uno mismo que está equivocado es tan difícil. Uno tiene sus propias convicciones y, al menos a mi, nadie me saca de ellas. Eso sí, tolero, pero mi idea sobre algo… es mi realidad y la realidad, es la realidad, a ver como la cambias. Hay que estar guapo, hay que joderse si la otra es más mona, o si él otro se va de fin de semana, que yo me quedo aquí. ¿Pero aquí que hay? ¿Por qué no nos paramos a mirarlo?

Tenemos la mala costumbre de escuchar poco y hablar demasiado.

Este no es mi caso, soy muy callada. Pero si siento que no me escuchan. O… igual no es así, y tengo esa mala costumbre, igual hablo demasiado. Por que todo es tan relativo.

Wasapeamos mucho,
dormimos demasiado
y follamos poco.

Menos wasap y más follar, no tengo más que decir.

¡ENAMORÉMONOS TODOS LOS DÍAS DE NUESTRA VIDA!

Ya, pero ¿de quien? Que frase más bonita. Aquí es cuando te dicen que te enamores de la vida… menuda chorrada. Que yo si hace falta encontrar a un tío cada día para enamorarme lo hago… por que ¿qué es enamorarse? O no es así… ¿me tengo que “enamorar” de una flor, del color del cielo, del olor a tierra mojada, y de toda esa sarta de soplapolleces? No me queda claro, no… es como el que te dice que hay que ser feliz… claro, hay que ser feliz. La felicidad no existe, existen los momentos felices, puntuales. Lo demás… se lleva. De todas formas, tú enamórate todos los días, tiene que ser la polla.

No dejes que la rutina o la sensación de eternidad descuide lo verdaderamente importante de tu vida.

Si entras en el círculo de la rutina mueres. Y salir de ella es tan fácil si quieres. Pero la cuestión es que muchas veces no queremos. Por que anhelamos lo que no tenemos. Con lo a gusto que se está en casa descalza, en pijama, en el sofá, y con el calor de dos, o tres criaturas. ¿Y que más quieres?

Quiere ahora, no mañana.

Y así termina. Y la verdad es que es así de sencillo, pero lo hacemos más complicado, por que nos liamos mucho la cabeza, y en vez de aprovechar lo de ahora, pensamos en lo de mañana, y dejamos el ahora para otro momento.

Y no deja de ser una chorrada de texto, el típico, pero cada vez que leo alguno no puedo evitar tener esa doble sensación. A veces me parecen frases sin sentido, que quedan muy bien escritas, y otras veces las veo llenas de contenido, y encuentro tanto sentido a lo que dicen.


La vida hay que hacerla simple, y creo que no dejaré de estremecerme cada vez que al darme un beso me digan,“te he encendido una estrella”.